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Perú en 10 días (itinerario + mapas)

Perú es uno de esos destinos que siempre aparece en la lista de lugares pendientes hasta que por fin decides darle una fecha. Para este viaje organizamos una ruta de 10 días por el país, buscando un equilibrio entre ver los grandes imprescindibles y disfrutar de cada parada. Además, antes incluso de aterrizar en Lima ya llevábamos conexión a internet gracias a nuestra eSIM de Saily (desde aquí disfruta de un 15% de descuento), algo que nos permitió movernos con total tranquilidad desde el primer momento. Tampoco se nos pasó por alto la importancia de contar con un seguro de viaje de IATI (5% descuento) que nos cubriera ante cualquier imprevisto y nos diera la cobertura que necesitábamos para viajar con total tranquilidad.

Durante el recorrido descubrimos la energía de Lima, la historia y el ambiente de Cusco, los paisajes del Valle Sagrado y, por supuesto, la magia de Machu Picchu. Pero la aventura no terminó ahí. Después de nuestra etapa por Cusco pusimos rumbo a Iquitos, donde vivimos una experiencia completamente diferente adentrándonos en la selva amazónica. Pasar unos días rodeados de naturaleza, navegando por el Amazonas y desconectando del ritmo de las ciudades fue uno de los recuerdos más especiales del viaje.

A continuación te contamos cómo distribuimos cada uno de esos 10 días, con el itinerario que seguimos, consejos prácticos y varias recomendaciones basadas en nuestra experiencia para que puedas adaptarlo fácilmente a tu forma de viajar y aprovechar al máximo tu paso por Perú.

Miraflores y Barranco

Llegamos a Lima la tarde anterior, con el tiempo justo para instalarnos en nuestro alojamiento en el barrio de Barranco, uno de los barrios con más encanto de la ciudad. Antes de dar por terminado el día salimos a recorrer un poco la zona y aprovechamos para probar uno de los platos más famosos del país: el pollo a la brasa. Lo hicimos en Roky's, una auténtica institución para muchos limeños. Después de cenar nos fuimos a descansar, ya que al día siguiente comenzaba realmente nuestra aventura por Perú.

Nos despertamos temprano y, como solemos hacer en muchos de nuestros viajes, empezamos la jornada con un free tour por Miraflores. Empezamos el recorrido en el Parque Kennedy y fue una forma perfecta de conocer la historia, curiosidades y algunos de los rincones más importantes de uno de los distritos más modernos y agradables de Lima. Durante el recorrido paseamos por sus parques, miradores y calles llenas de vida mientras descubríamos cómo ha evolucionado esta parte de la ciudad a lo largo de los años.

Al terminar el tour tocaba recuperar fuerzas, así que pusimos rumbo a Panchita, uno de los restaurantes más conocidos de Lima y perteneciente al famoso chef peruano Gastón Acurio. La experiencia estuvo a la altura de las expectativas y fue una de las mejores comidas de nuestra estancia en la capital peruana. Un lugar totalmente recomendable para descubrir algunos de los sabores más tradicionales de la gastronomía local.

Con el estómago lleno continuamos el día con otro free tour, esta vez por Barranco, nuestro barrio favorito de Lima. Sus calles llenas de arte urbano, sus casonas históricas, cafeterías y ambiente bohemio hacen que recorrerlo sea una auténtica maravilla. Durante el paseo conocimos algunos de sus lugares más emblemáticos como sus preciosos murales o el famoso Puente de los Suspiros, mientras aprendíamos sobre la historia y la transformación cultural de esta zona tan especial de la ciudad.

El recorrido terminó en uno de los momentos más bonitos del día: el atardecer desde uno de los miradores más famosos de Barranco. Ver cómo el sol desaparecía sobre el océano Pacífico mientras la ciudad comenzaba a iluminarse fue una de esas imágenes que se quedan grabadas para siempre en la memoria.

Después del paseo decidimos comprar unos sándwiches típicos peruanos para cenar tranquilamente en el alojamiento. La jornada había sido intensa, pero sabíamos que lo mejor estaba todavía por llegar, así que preferimos acostarnos pronto y descansar al máximo. Al día siguiente nos esperaba una de las excursiones más icónicas que se pueden hacer desde Lima.
Hacer un free tour por ambos barrios durante el primer día es una forma perfecta de conocer la ciudad y adaptarse al ritmo peruano
Atardecer en Barranco durante el primer día de viaje en Lima

Paracas, Islas Ballestas y el oasis de Huacachina

Comenzaba nuestro segundo día en Lima y, como no podía ser de otra manera, tocaba madrugar. Todavía era de noche cuando nos recogieron en nuestro alojamiento de Barranco para poner rumbo a la que probablemente sea la excursión más famosa y recomendada desde la capital peruana: Paracas, Islas Ballestas e Ica con el oasis de Huacachina.

Después de unas tres horas y media de carretera llegamos a Paracas, nuestra primera parada del día. Allí comenzamos con una experiencia bastante curiosa: una pequeña degustación del plato más famoso de Perú, el ceviche. Nos explicaron cómo se prepara, cuáles son sus ingredientes principales y algunos secretos y curiosidades sobre uno de los grandes símbolos de la gastronomía peruana.

Tras la degustación tuvimos algo de tiempo libre para pasear tranquilamente por el paseo marítimo de Paracas y disfrutar del ambiente costero hasta la hora de embarcar en la lancha rápida que nos llevaría hasta las famosas Islas Ballestas.

Durante el trayecto por el océano Pacífico pudimos observar uno de los grandes misterios de la costa peruana: el famoso Candelabro de Paracas, un enorme geoglifo grabado sobre la arena cuya procedencia sigue generando numerosas teorías. Poco después llegamos al archipiélago de las Islas Ballestas, donde comenzó uno de los momentos más especiales del día.

Navegar entre las islas mientras observábamos en su hábitat natural a leones marinos, cientos de aves guaneras y varios ejemplares del simpático pingüino de Humboldt fue una experiencia increíble y una de las mayores sorpresas del viaje. Si te gusta la naturaleza y los animales, esta excursión es prácticamente obligatoria durante una visita a Lima.

Después de la visita tocaba recuperar fuerzas, así que pusimos rumbo hacia nuestro restaurante en Ica, donde además de comer disfrutamos de una degustación y explicación sobre dos de los productos más famosos de la región: el vino y el pisco. Una parada perfecta para conocer un poco más la tradición vitivinícola del sur de Perú.

Con las pilas cargadas llegaba el momento del plato fuerte del día: el espectacular oasis de Huacachina. Un auténtico paraíso natural en mitad del desierto donde, de repente, la arena se convierte en la absoluta protagonista del paisaje.

Allí nos esperaba una de las experiencias más divertidas y emocionantes de todo el viaje: recorrer las enormes dunas a bordo de un tubular o más conocido por nosotros como buggy. La sensación es muy similar a una montaña rusa sobre arena, así que si no te gustan demasiado las emociones fuertes es mejor avisar al conductor para que adapte un poco el ritmo del recorrido.

La aventura continuó con otra actividad imprescindible en Huacachina: el sandboarding. Lanzarse cuesta abajo desde lo alto de una duna sobre una tabla es una de esas experiencias que probablemente no vuelvas a repetir en muchos lugares del mundo y que, sin duda, recordarás durante mucho tiempo.

Como broche final tuvimos la suerte de contemplar el atardecer desde lo alto de las dunas, rodeados únicamente de arena y viendo cómo poco a poco el oasis iba entrando en penumbra mientras el sol desaparecía en el horizonte. Fue uno de esos momentos que justifican por sí solos un viaje entero.

Ahora sí, después de un día tan intenso como emocionante, tocaba sacarse toda la arena de las zapatillas y regresar a Lima. Nos esperaban todavía varias horas de carretera hasta llegar de nuevo al alojamiento, donde únicamente tuvimos fuerzas para cenar algo rápido y descansar antes de continuar nuestra aventura peruana al día siguiente.
Esta excursión aunque supone muchas horas de carretera, merece totalmente la pena por la variedad de experiencias que ofrece en un solo día
Atardecer sobre el tubular con vistas al Oasis de Huacachina

Centro histórico, Barrio Chino y despedida de Lima

Nuestro tercer día en Lima lo afrontamos con algo más de calma después de la intensa excursión del día anterior. La mañana comenzó desayunando tranquilamente en el alojamiento antes de poner rumbo al centro histórico utilizando el cómodo autobús que conecta directamente con esta zona de la ciudad mediante su propia carretera exclusiva, una opción muy práctica para evitar el tráfico limeño.

Teníamos reservado un free tour por el centro histórico de Lima y el punto de encuentro era la emblemática Plaza San Martín, uno de los lugares más importantes de la ciudad y donde se encuentran edificios tan conocidos como el histórico Gran Hotel Bolívar o el elegante Teatro Colón.

Desde allí comenzamos un precioso recorrido por el famoso Jirón de la Unión, probablemente la calle más representativa del casco histórico limeño y que durante décadas fue el epicentro comercial y social de la capital peruana. Poco a poco fuimos acercándonos hasta llegar a la espectacular Plaza de Armas de Lima, uno de esos lugares que consiguen transportarte directamente a la época colonial.

Alrededor de la plaza pudimos contemplar algunos de los edificios más importantes del país, como el Palacio de Gobierno, residencia oficial del presidente peruano, o la impresionante Catedral de Lima. Tras conocer gran parte de la historia y curiosidades de este rincón tan especial de la ciudad, continuamos la visita con una pequeña degustación de pisco, el destilado más famoso de Perú.

La ruta terminó frente a uno de los monumentos más impresionantes de Lima, la Iglesia y Convento de San Francisco, famosa por su arquitectura colonial y por albergar en su interior las conocidas catacumbas de la ciudad.

Aprovechando que estábamos en pleno centro histórico dedicamos un rato a recorrer las tiendas de la zona y hacer algunas de las compras típicas del viaje antes de dirigirnos hacia otro de los lugares más curiosos de la capital: el Barrio Chino de Lima.

Allí decidimos comer en uno de los muchos restaurantes especializados en cocina chifa, la fusión gastronómica chino-peruana que forma parte de la identidad culinaria del país y que se ha convertido en una auténtica institución entre los limeños.

Durante la tarde recorrimos con calma las tiendas del Barrio Chino y el enorme mercado situado junto a él. El ambiente era exactamente el que uno espera encontrar: cientos de personas, puestos de absolutamente cualquier cosa que puedas imaginar y ese caos organizado tan característico que termina formando parte del encanto del lugar.

Ya al atardecer decidimos bajar el ritmo y despedirnos de Lima de una forma mucho más tranquila. Para ello nos acercamos a hacer merienda cena, a una preciosa cafetería situada en una antigua casa colonial rehabilitada en pleno Barranco: Café Ancestral Barranco.

Además de ser un lugar con muchísimo encanto, estaba muy cerca de nuestro alojamiento, algo que agradecimos enormemente porque nos permitió volver pronto y descansar con tiempo. Al día siguiente nos esperaba uno de los momentos más esperados del viaje: nuestro vuelo hacia Cusco y el inicio de la aventura por los Andes peruanos.
El centro histórico y el Barrio Chino ofrecen una cara completamente diferente de Lima respecto a Miraflores o Barranco
Plaza de Armas de Lima

Primer contacto con Cusco y aclimatación a la altura

A primera hora de la mañana tocaba despedirse de Lima para poner rumbo a uno de los destinos más esperados del viaje: Cusco. El vuelo apenas duró algo más de una hora, por lo que a media mañana ya estábamos aterrizando en la antigua capital del Imperio Inca y comenzando una nueva etapa de nuestra aventura peruana.

Nada más bajar del avión empezamos a notar uno de los grandes protagonistas de cualquier viaje a Cusco: la altitud. La ciudad se encuentra a más de 3.300 metros sobre el nivel del mar y el famoso mal de altura puede hacer acto de presencia durante las primeras horas. En nuestro caso, intentar beber mucha agua, evitar comidas demasiado copiosas y tomarnos el día con calma fue suficiente para aclimatarnos poco a poco sin mayores problemas.

Desde el aeropuerto cogimos un Uber y pusimos rumbo a nuestro nuevo alojamiento para los próximos días. Después de instalarnos y dejar las maletas, salimos directos a descubrir por primera vez el centro histórico de Cusco y, como no podía ser de otra forma, nuestro primer destino fue la espectacular Plaza de Armas.

Durante el paseo hasta llegar allí aprovechamos para pasar por algunos de los lugares más conocidos del casco histórico, como la famosa calle Loreto, una de las calles incas mejor conservadas de la ciudad, o la célebre Piedra de los Doce Ángulos, uno de los mayores ejemplos de la increíble precisión arquitectónica alcanzada por los incas hace siglos.

Después de este primer paseo tocaba buscar un sitio para comer y terminamos decidiéndonos por Jonas Cocina Fusión, donde aprovechamos para probar dos de las carnes más típicas de la gastronomía andina: la alpaca y el famoso cuy o cobaya. Una experiencia gastronómica diferente que, al menos una vez, creemos que merece la pena probar durante cualquier viaje a Perú.

Como ya sabéis, en prácticamente todos nuestros viajes nos gusta empezar los destinos con un free tour, y Cusco no iba a ser una excepción. Eso sí, esta vez decidimos tomárnoslo con calma para facilitar la aclimatación a la altura mientras descubríamos algunos de los rincones más emblemáticos de la ciudad.

Durante el recorrido visitamos lugares tan importantes como la Plaza de San Francisco, el Arco de Santa Clara, el siempre animado Mercado de San Pedro o el impresionante Templo de Qoricancha, considerado uno de los lugares más sagrados del antiguo Imperio Inca y sobre cuyos cimientos se levantó posteriormente el convento de Santo Domingo.

Poco a poco íbamos entendiendo por qué Cusco enamora a prácticamente todo el mundo que la visita. Su mezcla de historia inca, arquitectura colonial y ambiente viajero la convierten en una ciudad absolutamente única.

Para terminar el día decidimos no forzar demasiado el cuerpo y optamos por una tarde tranquila, cenando en el alojamiento y descansando todo lo posible. Al día siguiente nos esperaba un día intenso y queríamos afrontarlo con las máximas energías posibles.
Durante las primeras horas en Cusco es recomendable evitar grandes esfuerzos físicos, hidratarse bien y tomarse el día con calma para facilitar la aclimatación a la altitud
Centro Histórico de Cusco con festivales y bailes tradicionales

Valle Sagrado de los Incas y llegada a Aguas Calientes

Empezaba nuestro quinto día en Perú y tocaba una de las excursiones más espectaculares que se pueden hacer desde Cusco: el famoso Valle Sagrado de los Incas. Existen multitud de opciones para realizarla, desde contratar empresas locales como hicimos nosotros hasta reservar la excursión organizada desde España y olvidarte de toda la logística.

Tras la recogida en nuestro alojamiento pusimos rumbo a la primera parada del día: Chinchero, uno de los pueblos más bonitos del valle y conocido por su preciosa iglesia colonial construida sobre antiguos cimientos incas y por sus impresionantes terrazas agrícolas con vistas privilegiadas a las montañas andinas.

Allí mismo visitamos además un taller artesanal donde nos explicaron el proceso tradicional de elaboración de productos textiles como bolsos, mantas, ropa o alfombras. Fue muy interesante descubrir cómo siguen utilizando técnicas ancestrales para teñir y trabajar la lana de alpaca de forma completamente artesanal, manteniendo viva una tradición de siglos de antigüedad.

La siguiente parada nos llevó hasta uno de los lugares que más nos sorprendió de toda la excursión: Moray. Estas enormes terrazas circulares excavadas en la montaña fueron utilizadas por los incas para realizar experimentos agrícolas a diferentes alturas y temperaturas, permitiéndoles estudiar el comportamiento de los cultivos en distintos microclimas.

Resulta increíble pensar que hace cientos de años ya existiera algo tan parecido a un centro de investigación agrícola. Sin duda es uno de esos lugares que consiguen dejarte completamente sin palabras.

Desde allí continuamos hasta otro de los grandes iconos del Valle Sagrado: las famosas Salinas de Maras. Más de 3.000 pozas de sal alimentadas por un manantial natural crean uno de los paisajes más sorprendentes y fotogénicos de todo Perú. Evidentemente no pudimos resistirnos a probar alguno de los productos elaborados con esta sal tan especial y terminamos picando un poco de chocolate con sal de Maras, una combinación mucho más rica de lo que imaginábamos.

A esas alturas del día ya era momento de recuperar fuerzas, así que hicimos una parada para comer en un buffet donde pudimos descansar un poco y cargar energía antes de continuar la excursión. Entre la intensidad del día y la altitud, el cuerpo empieza a notarlo bastante más rápido de lo habitual.

Por la tarde llegamos a Ollantaytambo, probablemente uno de los pueblos con más encanto de todo el Valle Sagrado. Allí disfrutamos de unas vistas espectaculares rodeados de montañas, recorrimos sus preciosas calles empedradas y nos cruzamos con alpacas prácticamente a cada paso.

Aunque el itinerario de la excursión todavía continuaba hacia Písac, nosotros decidimos terminar aquí la ruta para poder coger el tren que nos llevaría hasta Aguas Calientes, la puerta de entrada al lugar más esperado de todo el viaje.

El trayecto en tren atravesando las montañas y siguiendo el curso del río ya empieza a hacerte sentir que algo muy especial está a punto de llegar. Una vez en Aguas Calientes tuvimos tiempo suficiente para cenar tranquilamente y descansar en nuestro alojamiento para esa única noche.

Al día siguiente nos esperaba el gran motivo por el que millones de viajeros llegan cada año hasta Perú: visitar una de las siete maravillas del mundo moderno, el increíble Machu Picchu.
Si tienes pensado visitar Machu Picchu al día siguiente, una muy buena opción es abandonar la excursión del Valle Sagrado en Ollantaytambo y coger desde allí el tren hacia Aguas Calientes para evitar regresar a Cusco y ahorrar muchas horas de desplazamiento
Salineras de Maras

Machu Picchu, el gran sueño del viaje

Y por fin llegó el día más esperado de todo el viaje: visitar el increíble Machu Picchu. Después de tantos meses organizando la ruta y viendo fotografías de este lugar, por fin había llegado el momento de conocer en persona una de las siete maravillas del mundo moderno.

Nosotros decidimos realizar la excursión con una empresa local, aunque si prefieres llevarlo todo organizado desde casa también existen opciones para reservar el transporte, entradas y guía con antelación y olvidarte de cualquier preocupación logística, como es esta excursión a Machu Picchu.

A primera hora de la mañana cogimos el autobús que conecta Aguas Calientes con la entrada de la ciudadela. El trayecto apenas dura unos minutos, pero la emoción durante la subida es difícil de describir. Sabes que estás a punto de visitar uno de los lugares más espectaculares del planeta.

Nuestra primera visita fue la Ruta 3, que permite recorrer gran parte de la ciudadela y entender mucho mejor cómo era la vida en la antigua ciudad inca. Pasear entre sus construcciones de piedra, terrazas y templos mientras aprendes cómo vivían sus habitantes es una experiencia realmente fascinante.

Esta entrada incluía además la posibilidad de ascender al famoso Huayna Picchu, la montaña que aparece al fondo en la mayoría de fotografías de Machu Picchu. La subida requiere un esfuerzo considerable y no es apta para todo el mundo, pero si tienes la oportunidad y la condición física lo permite, es una experiencia absolutamente recomendable.

Las vistas desde la cima son sencillamente espectaculares. Contemplar Machu Picchu desde esa perspectiva, rodeado por las montañas y el valle que lo esconden, es uno de esos momentos que permanecen grabados para siempre en la memoria del viajero.

Después de descender del Huayna Picchu terminamos de recorrer la Ruta 3 antes de acceder a la famosa Ruta 1, probablemente la más conocida y fotografiada de todo el complejo arqueológico, donde se encuentra la Casa del Guardián.

Es precisamente desde aquí desde donde se obtiene la clásica imagen panorámica de Machu Picchu que todos hemos visto alguna vez y que se ha convertido en una de las fotografías más reconocibles del mundo. Además, esta ruta es bastante más sencilla físicamente y permite disfrutar con calma de unas vistas absolutamente inmejorables sobre toda la ciudadela.

Después de varias horas explorando uno de los lugares más impresionantes que hemos visitado nunca, tocaba despedirse de Machu Picchu. Es una de esas experiencias que creemos sinceramente que todo el mundo debería vivir al menos una vez en la vida.

Bajamos nuevamente en autobús hasta Aguas Calientes, donde todavía tuvimos tiempo para pasear un poco por esta pequeña y agradable localidad y comer algo antes de iniciar el viaje de regreso.

Por la tarde cogimos el tren de vuelta hacia Ollantaytambo, disfrutando durante el trayecto de las enormes ventanas panorámicas y de los paisajes andinos que nos acompañaban durante el recorrido junto al río Urubamba.

A nuestra llegada nos estaban esperando en la estación para realizar el traslado de regreso a Cusco. Después de dos días absolutamente intensos y llenos de emociones todavía encontramos algo de tiempo para hacer alguna compra de recuerdos y souvenirs antes de regresar al alojamiento y descansar.

Habíamos cumplido uno de esos sueños viajeros que llevábamos mucho tiempo persiguiendo y, aunque todavía quedaba mucho Perú por descubrir, sabíamos que acabábamos de vivir uno de los momentos más especiales de todo el viaje.
Si quieres subir al Huayna Picchu es imprescindible reservar las entradas con mucha antelación, ya que las plazas son muy limitadas y suelen agotarse varios meses antes
Machu Picchu con vistas panorámicas

Montaña de Siete Colores y despedida de Cusco

Después de la increíble experiencia del día anterior visitando Machu Picchu, comenzaba nuestro último día completo en Cusco. Y para despedirnos de la antigua capital inca todavía nos quedaba una última gran aventura: subir hasta la espectacular Montaña de Siete Colores, también conocida como Vinicunca.

Como ya habíamos hecho con las excursiones anteriores desde Cusco, decidimos reservar esta actividad con una empresa local, aunque si prefieres llevarlo todo organizado desde casa también existe la posibilidad de reservarla online con antelación, incluso como hicimos nosotros tienes una subida en modalidad de quad para evitar gran parte del esfuerzo físico que supone la subida tradicional.

A la hora acordada vinieron a recogernos a nuestro alojamiento y comenzamos el trayecto hacia la pequeña localidad de Japura, donde hicimos una parada para desayunar y cargar energías antes de comenzar la aventura del día.

Una vez llegamos al punto de inicio recibimos las explicaciones e indicaciones necesarias para conducir los quads que nos acompañarían durante gran parte del recorrido. Tras una breve toma de contacto arrancamos motores y comenzamos el ascenso atravesando los impresionantes paisajes andinos que rodean la montaña.

Después de alcanzar el punto más alto accesible en quad todavía quedaba un último esfuerzo: una subida a pie de aproximadamente diez minutos que nos llevaría hasta el mirador principal de la montaña.

Finalmente alcanzamos los 5.036 metros sobre el nivel del mar y las vistas hicieron que todo el esfuerzo mereciese la pena. Desde allí pudimos contemplar perfectamente las diferentes tonalidades rojizas, amarillas, verdes y ocres que convierten a este lugar en uno de los paisajes naturales más sorprendentes de Perú.

Además, durante la excursión vivimos prácticamente las cuatro estaciones del año en apenas unas horas. Tuvimos momentos de sol, lluvia e incluso nieve, algo bastante habitual en esta zona de los Andes y que terminó haciendo la experiencia todavía más especial e inolvidable.

Después de disfrutar del paisaje y hacer las últimas fotografías comenzamos el descenso para volver a subirnos a los quads y dirigirnos hacia el restaurante donde nos esperaba un buffet perfecto para recuperar fuerzas después de una mañana tan intensa.

Tras la comida emprendimos el camino de regreso a Cusco, llegando nuevamente a la Plaza de Armas. Aprovechamos las últimas horas en la ciudad para visitar uno de sus barrios con más personalidad: San Blas.

Sus calles estrechas, talleres artesanales, pequeñas galerías y ambiente bohemio hacen que sea uno de los rincones con más encanto de toda la ciudad y un lugar perfecto para perderse caminando sin rumbo durante un rato.

Desde allí continuamos hasta la famosa calle Siete Borreguitos. No podíamos marcharnos de Cusco sin conocer una de las estampas más bonitas y fotografiadas del centro histórico: sus fachadas blancas, las macetas llenas de color, las escaleras en pendiente y el ambiente tranquilo convierten esta calle en un rincón absolutamente especial.

Para terminar el día dimos un último paseo por la Plaza de Armas y sus alrededores, disfrutando una vez más del ambiente de la ciudad y despidiéndonos poco a poco de Cusco.

Nos marchábamos con la sensación de haber aprovechado cada minuto y de haber conocido una ciudad que, sin hacer demasiado ruido, había conseguido convertirse en uno de nuestros lugares favoritos de todo el viaje por Perú.
La Montaña de Siete Colores supera los 5.000 metros de altitud, por lo que es muy recomendable dejar esta excursión para los últimos días en Cusco, cuando el cuerpo ya se ha aclimatado mejor a la altura
Montaña de 7 colores

Llegada a Iquitos y primer contacto con la Amazonía

Llegó el momento de despedirnos de Cusco y poner rumbo al último gran destino de nuestro viaje por Perú: la inmensa Amazonía peruana. A primera hora de la mañana cogimos un doble vuelo con escala en Lima que nos llevaría hasta la ciudad más grande del mundo a la que no se puede llegar por carretera: Iquitos.

Tras varias horas de viaje aterrizamos finalmente a mediodía en nuestro nuevo destino y nada más bajar del avión notamos el enorme cambio respecto a los días anteriores. El aire cálido, la humedad y el característico bochorno amazónico nos recordaron rápidamente que habíamos dejado atrás los Andes para adentrarnos en uno de los ecosistemas más fascinantes del planeta.

Desde el aeropuerto montamos en una de las famosas mototaxis, uno de los medios de transporte más habituales y característicos de Iquitos, y pusimos rumbo a nuestro alojamiento para esa primera noche en la ciudad: el Hotel de Turistas, situado en pleno malecón y con unas vistas privilegiadas sobre el río Amazonas.

Después de instalarnos y comer tranquilamente en el propio hotel decidimos que era momento de bajar el ritmo y disfrutar de una tarde completamente diferente a las anteriores. Después de varios días de excursiones, madrugones y kilómetros recorridos, el cuerpo también pedía algo de descanso.

Así que aprovechamos para relajarnos en la piscina del hotel durante gran parte de la tarde mientras disfrutábamos de unas vistas increíbles sobre el río Amazonas y observábamos el ir y venir constante de embarcaciones navegando por uno de los ríos más impresionantes del mundo.

Poco a poco el sol comenzó a caer sobre la selva y pudimos disfrutar de uno de los atardeceres más bonitos de todo el viaje. Ver cómo el cielo cambiaba de color mientras el Amazonas se extendía frente a nosotros fue una de esas imágenes que justifican por sí solas el haber llegado hasta aquí.

Ya de noche salimos a dar un paseo tranquilo por el Malecón Tarapacá, probablemente la zona más animada y agradable de la ciudad para caminar junto al río y disfrutar del ambiente local.

Para cenar optamos por algo sencillo en una pequeña pizzería cercana antes de regresar al hotel y acostarnos temprano. Al día siguiente comenzaba una de las experiencias más especiales y diferentes de todo el viaje: nuestra aventura por la selva amazónica.
Iquitos es la ciudad más grande del mundo sin conexión por carretera, por lo que únicamente se puede llegar hasta ella en avión o navegando por el río Amazonas
Atardecer con vistas al Amazonas desde el Hotel de Turistas en Iquitos

Primera jornada en la Amazonía peruana

Empezaba una de las experiencias más especiales y diferentes de todo el viaje: nuestra aventura por la Amazonía peruana. Para ello decidimos contratar un tour de 2 días y 1 noche con una empresa local, aunque si prefieres llevarlo todo organizado desde casa también existen opciones para reservar este tipo de experiencias online con antelación como este Tour de 2 días por el Amazonas.

A la hora acordada nos recogieron en el hotel y pusimos rumbo hacia el puerto de Iquitos. Antes de embarcar tuvimos tiempo para recorrer brevemente el mercado cercano, donde pudimos descubrir algunos de los productos más curiosos y representativos de la gastronomía amazónica.

Entre todos ellos destacaba especialmente el famoso suri, una larva considerada uno de los grandes manjares de la selva peruana y que, aunque no nos atrevimos a probar en esta ocasión, sí nos llamó muchísimo la atención.

Poco después llegó el momento de subir a la embarcación y comenzar la navegación por el río Nanay hasta alcanzar uno de los lugares más curiosos de toda la excursión: el punto donde se unen las aguas del Nanay con las del majestuoso río Amazonas.

Resulta impresionante observar cómo ambos ríos mantienen durante varios metros sus diferentes tonalidades antes de mezclarse definitivamente. Uno de esos pequeños espectáculos naturales que consiguen sorprender incluso cuando ya sabes que existen.

Después continuamos la ruta hacia una pequeña cabaña sobre las aguas del río donde nos explicaron algunas de las bebidas y productos más tradicionales de la selva amazónica y sus supuestas propiedades beneficiosas para la salud.

Antes de llegar a nuestro alojamiento todavía hicimos una parada en Amazolandia, un curioso paseo de madera construido junto al río Amazonas y decorado con diferentes esculturas y rincones pensados para disfrutar del entorno. Es uno de esos lugares perfectos para hacer fotografías con el Amazonas de fondo y empezar a tomar conciencia de la inmensidad del río que nos acompañaría durante los siguientes días.

Las vistas desde aquí son espectaculares y fue uno de los primeros momentos en los que realmente sentimos que estábamos entrando en el corazón de la Amazonía peruana.

Finalmente llegamos a nuestro lodge situado en la comunidad de Barrio Florido, donde nos instalamos en nuestra cabaña junto al río y disfrutamos de nuestra primera comida amazónica: el famoso juane, probablemente el plato más típico de toda la región de Iquitos y una de esas recetas que forman parte de la identidad gastronómica de la selva peruana.

Después de comer aprovechamos para relajarnos durante unas horas en la piscina del lodge. El calor y la humedad hacían que cualquier excusa para darse un baño fuese más que bienvenida después de toda la mañana de actividad.

Ya por la tarde realizamos una excursión hasta Fundo Pedrito, un centro de conservación en semicautividad donde pudimos conocer mucho mejor algunas de las especies más características de la Amazonía peruana.

Durante la visita vimos de cerca animales tan sorprendentes como las pirañas, los caimanes, diferentes especies de tortugas o el impresionante paiche, considerado uno de los peces de agua dulce más grandes del mundo. También tuvimos la oportunidad de contemplar la espectacular Victoria Regia, la planta acuática con las hojas flotantes más grandes del planeta.

Al regresar al lodge todavía tuvimos tiempo para recorrer por nuestra cuenta las calles de Barrio Florido y descubrir cómo es el día a día de las comunidades que viven junto al Amazonas. Ver a los hombres jugando al fútbol y a las mujeres al vóley mientras observábamos sus viviendas y su forma de vida fue una experiencia difícil de describir con palabras. Es de esas cosas que simplemente hay que vivir para entenderlas.

Tras la cena, disfrutando de las vistas sobre el río Amazonas, llegaba uno de los momentos más esperados del día. Nos pusimos las botas de agua y comenzamos una ruta nocturna en quad hasta llegar a un sendero situado en plena selva amazónica.

Allí, rodeados únicamente por la oscuridad y los sonidos de la selva, pudimos observar diferentes especies como insectos palo, aves nocturnas e incluso alguna tarántula. Pero probablemente lo más especial fue simplemente detenerse, apagar las linternas y permanecer en silencio absoluto escuchando cómo la selva cobra vida durante la noche.

Es una sensación muy difícil de explicar y, posiblemente, uno de los recuerdos más especiales que nos llevamos de todo el viaje.

Después de esta experiencia regresamos al lodge para descansar en nuestra cabaña junto al río, deseando que llegara el amanecer para descubrir las vistas que nos esperaba al despertar en pleno corazón del Amazonas.
Pasar al menos una noche en un lodge dentro de la Amazonía cambia completamente la experiencia respecto a una excursión de un solo día y permite descubrir la selva tanto de día como de noche
Navegando en barca por el Amazonas

Último día en la Amazonía y regreso a casa

Llegó nuestro último día del viaje por Perú, aunque con la misma ilusión del primero. Nos despertamos temprano para ver el amanecer desde el porche de nuestra cabaña en plena Amazonía, un espectáculo de colores sobre el río Amazonas que se queda grabado para siempre en la memoria.

Después de desayunar comenzamos una mañana muy intensa, diseñada para aprovechar al máximo nuestras últimas horas en la selva. La primera parada fue la visita a una comunidad Bora, donde nos recibieron para explicarnos sus costumbres, tradiciones, bailes y su forma de vida en uno de los entornos más remotos del planeta.

Desde allí pusimos rumbo a uno de los momentos más impactantes del día: la Isla de los Monos, un centro de rescate de primates víctimas del tráfico ilegal. La visita resulta tan interesante como emotiva, ya que permite entender de primera mano el trabajo de conservación y la dura realidad que sufren muchas especies en la Amazonía. Una experiencia que combina aprendizaje, respeto y también momentos divertidos al ver a los animales en su entorno de recuperación.

Continuamos la jornada con la visita a otra comunidad indígena, en este caso los Yagua, donde pudimos conocer más sobre sus tradiciones, su estilo de vida y algunas de sus técnicas ancestrales de supervivencia en la selva. Incluso tuvimos la oportunidad de probar la cerbatana, el instrumento tradicional que utilizan para la caza, lo que convirtió la experiencia en algo todavía más auténtico y único.

Tras finalizar las visitas regresamos al lodge para comer y despedirnos por última vez de las vistas del río Amazonas. Fue un momento especial, consciente de que llegaba el final de una de las partes más diferentes y sorprendentes del viaje.

Después pusimos rumbo de vuelta a Iquitos, donde todavía teníamos unas horas antes del siguiente vuelo. Ya por la tarde volamos hacia Lima para hacer escala y, más tarde, conectar con el último vuelo con destino a Madrid, dando así por finalizado este increíble viaje por Perú.

Nos íbamos con la sensación de haber vivido un país inmenso, diverso y absolutamente inolvidable, con recuerdos que difícilmente se borrarán con el tiempo.
Visitar comunidades indígenas y conocer su forma de vida es una de las experiencias más enriquecedoras que se pueden vivir en la Amazonía peruana
Amanecer en la selva Amazónica

Todo sobre Perú

Descubre algunos de los artículos más relevantes sobre Perú:

FAQ Perú en 10 días

¿Cuántos días necesito para ver Perú?

Lo ideal son entre 10 y 14 días para ver Lima, Cusco, Machu Picchu y la Amazonía sin ir con prisas.

¿Cuál es la mejor época para viajar a Perú?

La mejor época es de mayo a octubre, durante la estación seca, especialmente para visitar Machu Picchu y los Andes.

¿Es necesario reservar Machu Picchu con antelación?

Sí, es imprescindible reservar con varias semanas o incluso meses de antelación, sobre todo en temporada alta.

¿Es peligroso el mal de altura en Cusco?

No suele ser peligroso, pero puede causar molestias. Se recomienda aclimatarse, hidratarse bien y evitar esfuerzos el primer día.

¿Cómo moverse entre ciudades en Perú?

Lo más habitual es combinar vuelos internos para trayectos como Lima-Cusco o Lima-Iquitos.

¿Qué no me puedo perder en un viaje de 10 días por Perú?

Lima, el Valle Sagrado, Machu Picchu, Cusco y una experiencia en la Amazonía son imprescindibles en una ruta de 10 días.

¿Es recomendable visitar la Amazonía en un viaje corto?

Sí, aunque sea pocos días, Iquitos o Puerto Maldonado ofrecen una experiencia única en la selva totalmente diferente al resto del país.

¿Necesito seguro de viaje para ir a Perú?

Sí, es muy recomendable por la altitud, los vuelos internos y las actividades de aventura como Machu Picchu o la Amazonía.

¿Es caro viajar a Perú?

Perú puede adaptarse a distintos presupuestos. Hay opciones económicas en alojamiento y comida, aunque las excursiones a Machu Picchu elevan el coste.

¿Qué vacunas necesito para viajar a Perú?

No hay vacunas obligatorias, pero se recomienda consultar con un centro de vacunación si vas a la Amazonía.

Y ahora sí, toca cerrar la mochila

Diez días en Perú dan para mucho más de lo que parece al principio. Entre vuelos internos, cambios de altitud y paisajes que no se olvidan fácil, acabas con la sensación de haber vivido varios viajes en uno solo.

Si has llegado hasta aquí, ya tienes una base bastante clara para organizar tu ruta sin perderte lo esencial y con margen para disfrutarlo de verdad.

Deseamos que tu viaje a Perú sea tan increíble como el nuestro y que, cuando vuelvas, nos cuentes qué tal te fue. ¡Buen viaje!

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