Duomo, Brera y Castello Sforzesco
La primera parada fue el impresionante Duomo de Milán, probablemente el monumento que más ganas teníamos de conocer. Al llegar a la plaza y verlo aparecer frente a nosotros, entendimos rápidamente por qué es uno de los grandes símbolos de la ciudad. Su fachada de mármol, sus cientos de pináculos y las innumerables esculturas que decoran el edificio hacen que sea imposible no quedarse unos minutos contemplándolo antes de entrar.
Nosotros decidimos visitar también el interior de la catedral y, sobre todo, subir a sus famosas terrazas. Caminar entre las agujas del Duomo y contemplar Milán desde las alturas fue una de las experiencias que más disfrutamos de la ciudad. Si tienes tiempo, te recomendamos reservar la entrada con antelación para evitar perder buena parte de la mañana haciendo cola.
Al salir de la catedral, y antes de continuar con la ruta, hicimos una parada en Panzerotti Luini, uno de los lugares más famosos de Milán para probar este típico bocado italiano. Aprovechamos para probar sus conocidos panzerotti y descubrir uno de esos pequeños clásicos gastronómicos que no podían faltar durante nuestro primer día en la ciudad.
Con el estómago ya lleno, entramos en la elegante Galería Vittorio Emanuele II, situada prácticamente junto al Duomo y considerada uno de los lugares más bonitos de Milán. Su enorme cúpula de cristal, los mosaicos del suelo y las tiendas de algunas de las firmas más exclusivas del mundo convierten este pasaje en mucho más que una simple galería comercial. Allí también aprovechamos para buscar el famoso mosaico del toro y participar en una de las tradiciones más curiosas de la ciudad: colocar el talón sobre sus atributos y dar una vuelta sobre ellos, un gesto al que se atribuye traer buena suerte. Después de cumplir con el ritual, continuamos recorriendo la galería y disfrutando de todos sus detalles antes de seguir con nuestra ruta.
Desde la galería continuamos hasta la cercana Piazza Mercanti, una pequeña plaza escondida a pocos pasos del Duomo que nos permitió descubrir una cara mucho más medieval de la ciudad. Rodeada de edificios históricos, es un rincón perfecto para hacer una pequeña parada y escapar durante unos minutos del bullicio de las zonas más turísticas. Aunque es una plaza pequeña, nos pareció uno de esos lugares que merece la pena incluir en cualquier paseo por el centro histórico.
Después de recorrer Piazza Mercanti seguimos hasta la cercana Piazza della Scala, donde se encuentra el famoso Teatro alla Scala, uno de los teatros de ópera más importantes del mundo. Aunque no teníamos previsto asistir a ninguna función, nos acercamos hasta su fachada para contemplar el edificio y conocer uno de los rincones con más historia de Milán.
Desde allí nos dirigimos hacia el barrio de Brera, una de las zonas que más nos gustaron de Milán. Sus calles adoquinadas, edificios históricos, galerías de arte, pequeñas tiendas y restaurantes hacen que sea un lugar perfecto para pasear sin un rumbo demasiado marcado. Aprovechamos para recorrer sus calles tranquilamente y disfrutar de ese ambiente elegante y bohemio que caracteriza al barrio y, después de tanto caminar durante la mañana, paramos a comer en esta zona para reponer fuerzas antes de continuar con la ruta. Si te gusta descubrir zonas con personalidad propia, puedes consultar también nuestra guía de imprescindibles de Milán, donde recopilamos todos los lugares que consideramos imprescindibles durante una primera visita a la ciudad.
Después de recorrer Brera continuamos nuestra ruta hacia el Castello Sforzesco, una enorme fortaleza que durante siglos fue una de las construcciones más importantes de Milán. Cruzar sus patios y contemplar sus enormes torres nos permitió cambiar completamente de escenario respecto al centro de la ciudad que acabábamos de dejar atrás.
Justo detrás del castillo se encuentra el Parque Sempione, uno de los grandes espacios verdes de Milán. Aprovechamos para dar un paseo por sus caminos y descansar un rato después de una mañana recorriendo el centro histórico. Además, desde algunos puntos del parque puedes conseguir unas bonitas perspectivas del propio Castello Sforzesco y del Arco della Pace, situado al fondo del parque.
Después de una jornada bastante intensa decidimos regresar tranquilamente hacia nuestro alojamiento. Ya era hora de descansar y, como todavía nos quedaban dos días por delante para seguir descubriendo Milán, aprovechamos para cenar cerca del alojamiento antes de dar por terminado nuestro primer día en la ciudad.
Terminamos el día con la sensación de haber empezado el viaje de la mejor manera posible: descubriendo el impresionante Duomo, recorriendo el elegante barrio de Brera y disfrutando de algunos de los rincones más emblemáticos del centro histórico de Milán.



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