Grand Place, Manneken Pis y Mont des Arts
Nuestra primera parada fue la espectacular Grand Place, probablemente el lugar más impresionante de todo el centro histórico de Bruselas y uno de esos rincones que cuesta dejar de mirar. Rodeada por el Ayuntamiento y las antiguas casas gremiales, aprovechamos para recorrerla con calma y fijarnos en los diferentes edificios que la rodean. Aunque ya habíamos visto fotografías de la plaza antes del viaje, tenerla delante fue completamente diferente.
Desde allí continuamos hasta el famoso Manneken Pis, uno de los grandes símbolos de Bruselas. Su pequeño tamaño sorprende bastante cuando lo ves por primera vez, pero aun así merece la pena acercarse para conocer la historia y las curiosidades que rodean a esta famosa estatua. Además, durante el paseo nos encontramos con uno de los famosos murales del cómic de Bruselas, dedicado a Tintín, una de las muchas referencias al mundo del cómic que aparecen repartidas por la ciudad.
Siguiendo nuestro recorrido llegamos hasta Jeanneke Pis, la versión femenina del Manneken Pis y otro de los rincones más curiosos de Bruselas. La pequeña estatua se encuentra escondida en un callejón y, aunque la visita es bastante rápida, nos pareció una parada original para completar la particular colección de “Pis” de la ciudad. Entre el Manneken Pis y Jeanneke Pis, Bruselas demuestra una vez más que tiene una forma muy particular de convertir cualquier rincón en un atractivo turístico.
Muy cerca de allí llegamos a las elegantes Galerías Reales Saint-Hubert, un precioso pasaje comercial cubierto inaugurado en el siglo XIX. Sus escaparates, chocolaterías y cafeterías hacen que pasear por ellas sea una experiencia en sí misma, incluso aunque no tengas intención de comprar nada. Nosotros aprovechamos para recorrerlas tranquilamente y disfrutar de uno de los espacios con más encanto del centro de Bruselas.
A estas alturas ya se nos había echado encima la hora de comer, así que hicimos una parada en Chez Léon, uno de los restaurantes más conocidos del centro de Bruselas. Fue el momento perfecto para sentarnos, descansar un poco y probar algunos de los platos típicos de la gastronomía belga antes de continuar con nuestra ruta por la ciudad.
Después de comer retomamos el paseo y nos dirigimos hasta la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, uno de los edificios religiosos más importantes de Bélgica. Su espectacular fachada gótica ya impresiona desde el exterior, pero merece la pena entrar para contemplar también su enorme interior y sus detalles arquitectónicos. Nosotros aprovechamos para visitarla con calma antes de continuar hacia nuestra siguiente parada.
La tarde continuó en Mont des Arts, uno de nuestros lugares favoritos de esta primera jornada. Sus jardines y escalinatas ofrecen una de las panorámicas más bonitas de Bruselas, con el centro histórico extendiéndose frente a nosotros y el Ayuntamiento destacando entre los tejados. Llegamos con tiempo para disfrutar del lugar y esperar al atardecer, cuando la luz hace que las vistas sean todavía más especiales.
Cuando terminamos de recorrer esta zona, volvimos caminando hacia el corazón de Bruselas para disfrutar de nuevo de la Grand Place. Ya era de noche y la plaza estaba completamente iluminada, así que aprovechamos para volver a disfrutar de uno de nuestros rincones favoritos de la ciudad con ese ambiente tan especial que tiene cuando cae el sol.
Y ya que estábamos de nuevo por la zona, decidimos poner el broche final de una forma muy belga: tomándonos un gofre. Nos acercamos hasta Waffle Factory, en la Rue du Lombard, y aprovechamos para probar uno de sus famosos gofres mientras disfrutábamos del ambiente nocturno de la Grand Place. Sin duda, no podíamos haber encontrado una forma más dulce de cerrar nuestra primera jornada en Bruselas.



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