Grote Markt, Belfort, Burg y los canales de Brujas
Nuestra primera parada fue la espectacular Grote Markt, la Plaza Mayor de Brujas y probablemente uno de los lugares que más impresiona cuando llegas por primera vez a la ciudad. Las fachadas escalonadas de las antiguas casas gremiales, el Belfort dominando la plaza y el ambiente que la rodea hacen que sea imposible no detenerse un rato a contemplarla. Nosotros aprovechamos para recorrerla tranquilamente antes de continuar con la visita.
Desde la propia plaza nos dirigimos hasta el Belfort de Brujas, el famoso campanario medieval que se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la ciudad. Subir sus más de 300 escalones requiere un pequeño esfuerzo, pero la recompensa merece la pena: desde lo alto se puede disfrutar de unas vistas panorámicas increíbles sobre los tejados del centro histórico. Fue una de esas visitas en las que el cansancio de la subida se olvida en cuanto llegas arriba.
Después de recorrer la Grote Markt, continuamos nuestro paseo hasta la cercana Plaza del Burg, uno de los espacios más importantes del centro histórico. Aquí encontramos algunos de los edificios más representativos de Brujas, entre ellos el impresionante Ayuntamiento y la Basílica de la Santa Sangre. Entramos en la basílica para conocer este pequeño templo y su historia, antes de volver a salir a la plaza para seguir descubriendo sus alrededores.
A partir de aquí comenzamos una de las partes que más ganas teníamos de conocer: los canales de Brujas. Nos alejamos poco a poco de las plazas más monumentales para caminar junto al agua y descubrir algunas de las estampas más bonitas de la ciudad. El recorrido nos llevó por el Dijver, uno de los canales más emblemáticos, donde las fachadas medievales, los puentes y los árboles crean algunas de las imágenes más características de Brujas.
Continuamos hasta el famoso Rozenhoedkaai, conocido en español como el Muelle del Rosario. Este es probablemente uno de los rincones más fotografiados de toda Brujas y, cuando llegamos, entendimos rápidamente el motivo. Las casas reflejándose sobre el agua y la torre del campanario sobresaliendo entre los edificios forman una de esas postales que parecen sacadas de un cuento. Sin duda, fue una de nuestras paradas favoritas de todo el día.
Nuestro paseo por los canales continuó por el Groenerei, una zona algo más tranquila y especialmente bonita gracias a la vegetación que acompaña al canal. Después seguimos hacia el Spinolarei y el Augustijnenrei, disfrutando de una Brujas algo más relajada y alejada de las plazas más concurridas. Más que buscar una visita concreta en cada canal, lo mejor fue simplemente caminar, cruzar sus pequeños puentes y descubrir las diferentes perspectivas que ofrece la ciudad.
A estas alturas ya se nos había echado encima la hora de comer, así que aprovechamos para hacer una pausa, comer algo y descansar antes de continuar con la tarde. Después de recorrer durante toda la mañana el centro histórico y los canales, nos vino especialmente bien sentarnos un rato y recuperar fuerzas para la siguiente parte del recorrido.
Después de comer llegó el momento de disfrutar de Brujas desde otra perspectiva. Nos acercamos hasta uno de los embarcaderos del centro para subirnos a un barco y recorrer los canales de Brujas. El paseo dura aproximadamente media hora y permite contemplar desde el agua muchos de los lugares que habíamos recorrido anteriormente a pie, aunque desde una perspectiva completamente diferente.
Durante el recorrido pasamos bajo algunos de los puentes más bonitos de la ciudad y pudimos fijarnos en detalles de las fachadas que caminando quizá habían pasado desapercibidos. Además, escuchar las explicaciones durante el paseo ayuda a conocer un poco mejor la historia de los canales y de los edificios que aparecen junto a ellos. Para nosotros fue una de las experiencias imprescindibles del viaje y una forma perfecta de completar todo lo que habíamos visto durante el día.
Después del paseo en barco todavía nos quedó tiempo para seguir caminando tranquilamente por el centro histórico y volver a disfrutar de algunos de nuestros rincones favoritos. Brujas tiene algo especial cuando empiezas a alejarte de las zonas más concurridas y simplemente te dedicas a recorrer sus calles sin un destino concreto.
Cuando llegó la hora de cenar, decidimos acercarnos hasta Chez Albert, uno de los lugares más conocidos de Brujas para probar un auténtico gofre belga. Después de un día completo recorriendo la ciudad, sentarnos a disfrutar de un gofre recién hecho nos pareció la forma perfecta de poner el broche final a nuestra primera jornada en Brujas.
Terminamos el día con la sensación de haber conocido la esencia de Brujas: sus plazas medievales, sus canales, sus fachadas de cuento y ese ambiente tranquilo que hace que caminar por la ciudad sea una experiencia en sí misma.


Comentarios
Escríbenos un comentario