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Brujas en 2 días: itinerario completo + mapas

Si existe una ciudad que parece sacada de un cuento, esa es Brujas. Sus canales, las casas de fachadas escalonadas, las plazas empedradas y el sonido de los carruajes crean una atmósfera difícil de explicar hasta que la vives en persona. Nosotros llegamos con expectativas muy altas… y aun así consiguió sorprendernos.

Y antes de meternos de lleno en el recorrido, te recomendamos echar un vistazo a nuestra guía completa de Brujas. Allí encontrarás todo lo que necesitas para preparar el viaje: consejos prácticos y esos detalles que viene bien tener claros antes de llegar.

Lo mejor de Brujas es que no necesitas ir buscando continuamente qué ver. Gran parte de su encanto aparece mientras te pierdes por calles estrechas, cruzas puentes sin nombre o descubres rincones donde apenas hay turistas. Es una ciudad pequeña, sí, pero llena de detalles que hacen que cada paseo sea diferente.

Después de recorrerla, hemos organizado este itinerario de Brujas en 2 días siguiendo el ritmo que a nosotros nos habría gustado encontrar al preparar el viaje: empezando por sus lugares más reconocibles, pero dejando también espacio para pasear, parar a tomar algo y disfrutar de esos momentos en los que simplemente te olvidas de que estás siguiendo una ruta.

Y si al terminar el segundo día sientes que todavía te quedarías unas horas más, no te preocupes: es buena señal. Brujas tiene esa curiosa capacidad de hacer que quieras volver a recorrer las mismas calles, pero esta vez sin mapa, sin horarios y simplemente para ver qué aparece al doblar la siguiente esquina.

Grote Markt, Belfort, Burg y los canales de Brujas

Nuestro primer día en Brujas lo dedicamos a descubrir el corazón de su centro histórico y algunos de los rincones que han convertido a la ciudad en uno de los destinos más bonitos de Bélgica. Como la mayoría de las visitas se encuentran bastante cerca unas de otras, planteamos la jornada para hacerla completamente a pie y disfrutar del encanto de sus calles, plazas y canales sin prisas.

Nuestra primera parada fue la espectacular Grote Markt, la Plaza Mayor de Brujas y probablemente uno de los lugares que más impresiona cuando llegas por primera vez a la ciudad. Las fachadas escalonadas de las antiguas casas gremiales, el Belfort dominando la plaza y el ambiente que la rodea hacen que sea imposible no detenerse un rato a contemplarla. Nosotros aprovechamos para recorrerla tranquilamente antes de continuar con la visita.

Desde la propia plaza nos dirigimos hasta el Belfort de Brujas, el famoso campanario medieval que se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la ciudad. Subir sus más de 300 escalones requiere un pequeño esfuerzo, pero la recompensa merece la pena: desde lo alto se puede disfrutar de unas vistas panorámicas increíbles sobre los tejados del centro histórico. Fue una de esas visitas en las que el cansancio de la subida se olvida en cuanto llegas arriba.

Después de recorrer la Grote Markt, continuamos nuestro paseo hasta la cercana Plaza del Burg, uno de los espacios más importantes del centro histórico. Aquí encontramos algunos de los edificios más representativos de Brujas, entre ellos el impresionante Ayuntamiento y la Basílica de la Santa Sangre. Entramos en la basílica para conocer este pequeño templo y su historia, antes de volver a salir a la plaza para seguir descubriendo sus alrededores.

A partir de aquí comenzamos una de las partes que más ganas teníamos de conocer: los canales de Brujas. Nos alejamos poco a poco de las plazas más monumentales para caminar junto al agua y descubrir algunas de las estampas más bonitas de la ciudad. El recorrido nos llevó por el Dijver, uno de los canales más emblemáticos, donde las fachadas medievales, los puentes y los árboles crean algunas de las imágenes más características de Brujas.

Continuamos hasta el famoso Rozenhoedkaai, conocido en español como el Muelle del Rosario. Este es probablemente uno de los rincones más fotografiados de toda Brujas y, cuando llegamos, entendimos rápidamente el motivo. Las casas reflejándose sobre el agua y la torre del campanario sobresaliendo entre los edificios forman una de esas postales que parecen sacadas de un cuento. Sin duda, fue una de nuestras paradas favoritas de todo el día.

Nuestro paseo por los canales continuó por el Groenerei, una zona algo más tranquila y especialmente bonita gracias a la vegetación que acompaña al canal. Después seguimos hacia el Spinolarei y el Augustijnenrei, disfrutando de una Brujas algo más relajada y alejada de las plazas más concurridas. Más que buscar una visita concreta en cada canal, lo mejor fue simplemente caminar, cruzar sus pequeños puentes y descubrir las diferentes perspectivas que ofrece la ciudad.

A estas alturas ya se nos había echado encima la hora de comer, así que aprovechamos para hacer una pausa, comer algo y descansar antes de continuar con la tarde. Después de recorrer durante toda la mañana el centro histórico y los canales, nos vino especialmente bien sentarnos un rato y recuperar fuerzas para la siguiente parte del recorrido.

Después de comer llegó el momento de disfrutar de Brujas desde otra perspectiva. Nos acercamos hasta uno de los embarcaderos del centro para subirnos a un barco y recorrer los canales de Brujas. El paseo dura aproximadamente media hora y permite contemplar desde el agua muchos de los lugares que habíamos recorrido anteriormente a pie, aunque desde una perspectiva completamente diferente.

Durante el recorrido pasamos bajo algunos de los puentes más bonitos de la ciudad y pudimos fijarnos en detalles de las fachadas que caminando quizá habían pasado desapercibidos. Además, escuchar las explicaciones durante el paseo ayuda a conocer un poco mejor la historia de los canales y de los edificios que aparecen junto a ellos. Para nosotros fue una de las experiencias imprescindibles del viaje y una forma perfecta de completar todo lo que habíamos visto durante el día.

Después del paseo en barco todavía nos quedó tiempo para seguir caminando tranquilamente por el centro histórico y volver a disfrutar de algunos de nuestros rincones favoritos. Brujas tiene algo especial cuando empiezas a alejarte de las zonas más concurridas y simplemente te dedicas a recorrer sus calles sin un destino concreto.

Cuando llegó la hora de cenar, decidimos acercarnos hasta Chez Albert, uno de los lugares más conocidos de Brujas para probar un auténtico gofre belga. Después de un día completo recorriendo la ciudad, sentarnos a disfrutar de un gofre recién hecho nos pareció la forma perfecta de poner el broche final a nuestra primera jornada en Brujas.

Terminamos el día con la sensación de haber conocido la esencia de Brujas: sus plazas medievales, sus canales, sus fachadas de cuento y ese ambiente tranquilo que hace que caminar por la ciudad sea una experiencia en sí misma.
El centro histórico de Brujas se disfruta especialmente caminando, así que intenta no tener demasiada prisa y reserva tiempo para recorrer sus canales tranquilamente
Rozenhoedkaai junto a los canales de Brujas

Begijnhof, Sint-Anna y los molinos de Brujas

Nuestro segundo día en Brujas lo planteamos de una forma bastante diferente al primero. Después de haber recorrido el día anterior las plazas, edificios y canales más conocidos del centro histórico, decidimos alejarnos un poco de las zonas más turísticas para descubrir una Brujas mucho más tranquila. La ruta nos llevó desde el sur del centro hasta el barrio de Sint-Anna y los históricos molinos de Kruisvest, antes de regresar tranquilamente hacia el corazón de la ciudad.

Comenzamos la mañana en el Begijnhof de Brujas, uno de los rincones que más ganas teníamos de conocer. Este antiguo beaterio está formado por pequeñas casas blancas alrededor de un tranquilo jardín y transmite una sensación de paz que contrasta bastante con las zonas más concurridas del centro. Nosotros aprovechamos para pasear por sus alrededores con calma y disfrutar de este pequeño oasis antes de continuar con la ruta.

Desde allí caminamos hasta el cercano Minnewaterpark, uno de los espacios verdes más bonitos de Brujas. El famoso Lago del Amor, rodeado de árboles y zonas ajardinadas, es uno de esos lugares que merece la pena recorrer sin prisas. Después de disfrutar del ambiente tranquilo del parque, continuamos nuestro camino hacia una parte de la ciudad bastante menos conocida por los visitantes.

Nuestra siguiente parada fue la Iglesia de Santa Ana, situada en el barrio del mismo nombre. Esta zona nos permitió descubrir una Brujas diferente, con calles más tranquilas y un ambiente mucho más residencial. La iglesia, de origen medieval y con un interior de estilo barroco, fue una parada interesante antes de continuar hacia uno de los lugares más curiosos de esta parte de la ciudad.

Muy cerca encontramos la Iglesia de Jerusalén, también conocida como Jeruzalemkerk. Este pequeño templo nos llamó especialmente la atención por su historia y por su aspecto tan diferente al de otras iglesias de Brujas. Inspirada en la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, es uno de esos rincones menos conocidos que merece la pena incluir en una ruta por la Brujas más alternativa y tranquila.

Desde Sint-Anna continuamos caminando hacia Kruisvest, una zona verde situada junto a las antiguas murallas de la ciudad y famosa por sus molinos de viento. El cambio de paisaje fue bastante notable: dejamos atrás las calles estrechas del centro histórico para encontrarnos con un entorno mucho más abierto y tranquilo.

El primero que encontramos fue el Sint-Janshuismolen, el molino de San Juan, uno de los más conocidos y fotografiados de Brujas. Su ubicación sobre la zona verde de Kruisvest, junto al camino y las antiguas murallas, crea una estampa preciosa. Además, es uno de los pocos molinos de la ciudad que todavía conserva su maquinaria en funcionamiento, por lo que merece especialmente la pena acercarse a verlo.

Continuamos nuestro paseo por Kruisvest hasta llegar al Koeleweimolen, otro de los molinos históricos de Brujas. Aunque es menos conocido que el de San Juan, el entorno hace que el paseo entre ambos resulte muy agradable. Después seguimos descubriendo los demás molinos de la zona, pasando por The New Parrot y el Bonne-Chière, completando así nuestro recorrido por algunos de los antiguos molinos que todavía se conservan alrededor de la ciudad.

Después de toda la caminata ya empezábamos a tener bastante hambre, así que decidimos hacer una parada en Frituur 't Bootje, una de las opciones más conocidas de la zona para probar unas auténticas patatas fritas belgas. Fue una parada rápida y perfecta para recuperar fuerzas antes de volver hacia el centro, además de una buena oportunidad para probar uno de los clásicos de la gastronomía belga.

Con las pilas ya cargadas, emprendimos el camino de regreso hacia el centro histórico de Brujas. La idea para esta parte de la tarde era simplemente caminar sin prisas, volver a pasar por algunas de las calles que más nos habían gustado y disfrutar de la ciudad desde una perspectiva mucho más relajada. Después de dos días recorriendo Brujas, también apetece dejar a un lado el mapa y simplemente dejarse llevar por sus calles.

Terminamos regresando a la Grote Markt, que después de haberla conocido el día anterior nos resultó todavía más especial. Volver a verla con calma, pasear por sus alrededores y observar de nuevo las fachadas medievales fue una forma perfecta de despedirnos de Brujas. Ya con la sensación de haber aprovechado al máximo estos dos días, pusimos rumbo al aeropuerto para emprender el camino de regreso a casa.

Nos marchamos de Brujas con la sensación de haber descubierto mucho más que sus famosos canales y plazas. Entre el ambiente medieval del centro histórico, la tranquilidad del Begijnhof, las calles de Sint-Anna y los molinos de Kruisvest, estos dos días nos permitieron conocer diferentes caras de una ciudad que, sin duda, nos dejó con ganas de volver.
Los molinos de Kruisvest son uno de los rincones más tranquilos y fotogénicos de Brujas, así que intenta dedicarles un buen rato para recorrerlos con calma
Molinos de Kruisvest en Brujas

Artículos sobre Brujas

FAQ Brujas en 2 días

¿Son suficientes 2 días para visitar Brujas?

Sí. En 2 días podrás conocer los principales monumentos, recorrer sus canales y descubrir zonas más tranquilas como Sint-Anna y Kruisvest.

¿Qué lugares no pueden faltar en un itinerario de Brujas en 2 días?

La Grote Markt, el Belfort, la Plaza del Burg, los canales, el Begijnhof, Minnewaterpark y los molinos de Kruisvest.

¿Se puede recorrer Brujas a pie?

Sí. El centro histórico es compacto y la mayoría de los lugares turísticos se encuentran a poca distancia, por lo que puedes recorrerlos caminando.

¿Cuál es la mejor zona para alojarse en Brujas?

El centro histórico es la mejor opción para una primera visita, ya que permite llegar caminando a los principales lugares turísticos de Brujas.

¿Merece la pena hacer un paseo en barco por los canales de Brujas?

Sí. El paseo en barco permite descubrir los canales desde otra perspectiva y disfrutar de algunas de las mejores vistas de la ciudad.

¿Qué lugares visitar fuera del centro de Brujas?

El barrio de Sint-Anna y los molinos de Kruisvest son dos buenas opciones para descubrir una Brujas más tranquila y alejada de las zonas más turísticas.

¿Es necesario utilizar transporte público para visitar Brujas?

No. Para este itinerario no es necesario, ya que puedes llegar caminando a prácticamente todos los lugares del centro histórico y sus alrededores.

¿Qué barrio merece la pena visitar en Brujas?

Sint-Anna merece especialmente la pena por su ambiente tranquilo, sus calles residenciales y lugares como la Iglesia de Jerusalén.

El viaje a Brujas empieza ahora

Ojalá esta guía te ayude a disfrutar la ciudad tanto como lo hicimos nosotros. Y cuando regreses de tu viaje, estamos convencidos de que habrá un rincón que recordarás con especial cariño… porque en Brujas cada persona acaba encontrando el suyo.

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