Casco histórico, Plaza Mayor y Castillo de Wawel
La primera parada fue la Plaza Matejko, un lugar perfecto para empezar a descubrir el casco histórico. Desde allí nos dirigimos hasta la imponente Barbacana de Cracovia, uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Esta fortificación circular del siglo XV formaba parte del antiguo sistema defensivo medieval y es una de las pocas barbicanas que todavía se conservan en Europa en tan buen estado.
Cruzamos la histórica Puerta de San Florián, la antigua entrada principal a la ciudad amurallada, por la que durante siglos accedían reyes, comerciantes y viajeros. Atravesarla es casi como viajar atrás en el tiempo y adentrarse en el corazón de la Cracovia medieval.
Muy cerca hicimos una breve parada frente al elegante Teatro Juliusz Słowacki, uno de los edificios más bonitos de la ciudad. Su espectacular fachada de inspiración barroca y su importancia dentro de la cultura polaca hacen que merezca la pena detenerse unos minutos antes de continuar la ruta.
Desde allí recorrimos la animada calle Floriańska, una de las vías más famosas de Cracovia y repleta de tiendas, cafeterías y edificios históricos. Poco a poco nos fue conduciendo hasta uno de los lugares más impresionantes del viaje: la Basílica de Santa María. Su inconfundible fachada con dos torres de distinta altura domina por completo el centro histórico y cada hora puede escucharse el famoso Hejnał Mariacki, la melodía interpretada por un trompetista desde la torre más alta que se interrumpe bruscamente para recordar la leyenda del centinela que fue alcanzado por una flecha mientras alertaba de una invasión mongola.
A escasos metros se encuentra la encantadora Plaza Mały Rynek, mucho más tranquila que la plaza principal y perfecta para hacer una pequeña pausa antes de continuar explorando el centro histórico.
Poco después llegamos a la espectacular Rynek Główny, considerada una de las plazas medievales más grandes y bonitas de Europa. Aquí pasamos un buen rato descubriendo todos sus rincones: el histórico Mercado de Paños (Sukiennice), la pequeña Iglesia de San Adalberto, la Torre del Antiguo Ayuntamiento y la curiosa escultura Eros Bendato, una enorme cabeza de bronce tumbada sobre la plaza que se ha convertido en uno de los lugares más fotografiados de Cracovia.
Antes de comer nos acercamos hasta el histórico edificio de la Universidad Jaguelónica, una de las universidades más antiguas de Europa y donde estudió nada menos que Nicolás Copérnico. Si dispones de algo más de tiempo, merece mucho la pena visitar su precioso patio interior.
A la hora de comer decidimos probar uno de los tradicionales Milk Bar, una de las mejores formas de comer comida casera polaca sin gastar mucho dinero. Elegimos Pod Temidą, donde degustamos varios platos típicos a un precio realmente económico. Eso sí, conviene ir con la idea de que son locales sencillos donde prima la comida tradicional sobre la presentación de los platos.
Después de comer comenzamos a recorrer la histórica calle Grodzka, una de las vías más antiguas y con más encanto de Cracovia. Esta calle conecta la Plaza Mayor con la Colina de Wawel y durante el paseo irás encontrando iglesias, palacios y elegantes edificios históricos que hacen que el recorrido sea casi tan bonito como el propio destino. Sin duda, merece la pena recorrerla sin prisas disfrutando del ambiente que siempre se respira en esta zona del casco antiguo.
Siguiendo nuestro recorrido continuamos hasta la Cruz de Katyń, un monumento dedicado a las víctimas de una de las tragedias más dolorosas de la historia de Polonia, antes de comenzar a subir hacia la Colina de Wawel, el lugar más importante de toda Cracovia.
Allí visitamos el impresionante Castillo Real de Wawel, antigua residencia de los reyes polacos durante siglos. Recorrer sus patios, salas y jardines permite comprender la enorme importancia histórica que tuvo este lugar para el país. Si solo pudieras visitar un monumento en Cracovia, probablemente este sería nuestra recomendación.
Al terminar la visita descendimos hasta la orilla del río para conocer al famoso Dragón de Wawel, uno de los grandes símbolos de la ciudad. La escultura sorprende a todos los visitantes porque cada pocos minutos lanza una gran llamarada de fuego por la boca, recordando la popular leyenda del dragón que, según cuenta la tradición, habitaba bajo la colina.
Aprovechamos para dar un agradable paseo junto al río Vístula antes de enlazar con el Planty, el enorme parque que rodea todo el casco antiguo de Cracovia y que ocupa el lugar donde antiguamente se levantaban las murallas medievales. Es uno de esos lugares perfectos para caminar tranquilamente y descansar un poco del bullicio del centro.
Nuestra última parada turística del día fue el Palacio Arzobispal, famoso por haber sido la residencia del Papa Juan Pablo II durante su etapa como arzobispo de Cracovia. Desde una de sus ventanas saludó en numerosas ocasiones a los fieles, convirtiéndolo en un lugar de gran simbolismo para los polacos.
Ya con la noche encima regresamos al centro histórico para cenar en Czarna Kaczka (The Black Duck), uno de los restaurantes más conocidos de la ciudad para probar cocina tradicional polaca con un toque más elaborado. Fue el broche perfecto para un primer día espectacular descubriendo Cracovia antes de regresar al alojamiento para descansar y afrontar con fuerzas el día siguiente.



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