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Cracovia en 3 días: itinerario perfecto con mapas

Si nos preguntas cuál fue una de las ciudades europeas que más nos sorprendió, Cracovia estaría muy arriba en la lista. Llegamos esperando encontrar una ciudad bonita y con mucha historia, pero nos fuimos con la sensación de haber descubierto un lugar con muchísimo más que ofrecer. Calles con encanto, plazas llenas de vida, rincones que parecen sacados de un cuento y una gastronomía que nos conquistó desde el primer día.

Lo mejor de Cracovia es que se disfruta sin esfuerzo. Puedes pasar la mañana recorriendo castillos y barrios históricos, hacer una pausa para probar unos buenos pierogi, perderte entre sus callejuelas y terminar el día tomando algo en una terraza de la Plaza del Mercado mientras la ciudad cambia completamente de ambiente al caer la noche. Todo está relativamente cerca y eso hace que recorrerla sea una auténtica maravilla.

Después de nuestra experiencia, hemos preparado este itinerario de Cracovia en 3 días con la ruta que nosotros mismos repetiríamos. Encontrarás un recorrido equilibrado para conocer los lugares imprescindibles, descubrir algunos rincones que muchas veces pasan desapercibidos y organizar cada jornada de la forma más cómoda posible.

Nuestra recomendación es que no te limites a seguir el mapa. Levanta la vista, entra en esa cafetería que te llame la atención, siéntate unos minutos en la plaza a observar el ambiente o cambia el orden de alguna visita si el momento lo pide. Al final, los mejores recuerdos de Cracovia no suelen ser los que llevabas apuntados en una lista, sino esos pequeños instantes que aparecen cuando simplemente dejas que la ciudad te sorprenda. Y cuando termines este itinerario, no olvides echar un vistazo a nuestra guía completa de Cracovia, donde reunimos todos los consejos prácticos para preparar el viaje de principio a fin.

Casco histórico, Plaza Mayor y Castillo de Wawel

Nuestro vuelo aterrizó en Cracovia a primera hora de la mañana, así que prácticamente teníamos el día entero por delante. Nada más salir del aeropuerto cogimos el autobús que conecta con el centro de la ciudad y, tras dejar el equipaje en nuestro alojamiento, por fin comenzaba nuestra aventura por una de las ciudades más bonitas de Polonia.

La primera parada fue la Plaza Matejko, un lugar perfecto para empezar a descubrir el casco histórico. Desde allí nos dirigimos hasta la imponente Barbacana de Cracovia, uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Esta fortificación circular del siglo XV formaba parte del antiguo sistema defensivo medieval y es una de las pocas barbicanas que todavía se conservan en Europa en tan buen estado.

Cruzamos la histórica Puerta de San Florián, la antigua entrada principal a la ciudad amurallada, por la que durante siglos accedían reyes, comerciantes y viajeros. Atravesarla es casi como viajar atrás en el tiempo y adentrarse en el corazón de la Cracovia medieval.

Muy cerca hicimos una breve parada frente al elegante Teatro Juliusz Słowacki, uno de los edificios más bonitos de la ciudad. Su espectacular fachada de inspiración barroca y su importancia dentro de la cultura polaca hacen que merezca la pena detenerse unos minutos antes de continuar la ruta.

Desde allí recorrimos la animada calle Floriańska, una de las vías más famosas de Cracovia y repleta de tiendas, cafeterías y edificios históricos. Poco a poco nos fue conduciendo hasta uno de los lugares más impresionantes del viaje: la Basílica de Santa María. Su inconfundible fachada con dos torres de distinta altura domina por completo el centro histórico y cada hora puede escucharse el famoso Hejnał Mariacki, la melodía interpretada por un trompetista desde la torre más alta que se interrumpe bruscamente para recordar la leyenda del centinela que fue alcanzado por una flecha mientras alertaba de una invasión mongola.

A escasos metros se encuentra la encantadora Plaza Mały Rynek, mucho más tranquila que la plaza principal y perfecta para hacer una pequeña pausa antes de continuar explorando el centro histórico.

Poco después llegamos a la espectacular Rynek Główny, considerada una de las plazas medievales más grandes y bonitas de Europa. Aquí pasamos un buen rato descubriendo todos sus rincones: el histórico Mercado de Paños (Sukiennice), la pequeña Iglesia de San Adalberto, la Torre del Antiguo Ayuntamiento y la curiosa escultura Eros Bendato, una enorme cabeza de bronce tumbada sobre la plaza que se ha convertido en uno de los lugares más fotografiados de Cracovia.

Antes de comer nos acercamos hasta el histórico edificio de la Universidad Jaguelónica, una de las universidades más antiguas de Europa y donde estudió nada menos que Nicolás Copérnico. Si dispones de algo más de tiempo, merece mucho la pena visitar su precioso patio interior.

A la hora de comer decidimos probar uno de los tradicionales Milk Bar, una de las mejores formas de comer comida casera polaca sin gastar mucho dinero. Elegimos Pod Temidą, donde degustamos varios platos típicos a un precio realmente económico. Eso sí, conviene ir con la idea de que son locales sencillos donde prima la comida tradicional sobre la presentación de los platos.

Después de comer comenzamos a recorrer la histórica calle Grodzka, una de las vías más antiguas y con más encanto de Cracovia. Esta calle conecta la Plaza Mayor con la Colina de Wawel y durante el paseo irás encontrando iglesias, palacios y elegantes edificios históricos que hacen que el recorrido sea casi tan bonito como el propio destino. Sin duda, merece la pena recorrerla sin prisas disfrutando del ambiente que siempre se respira en esta zona del casco antiguo.

Siguiendo nuestro recorrido continuamos hasta la Cruz de Katyń, un monumento dedicado a las víctimas de una de las tragedias más dolorosas de la historia de Polonia, antes de comenzar a subir hacia la Colina de Wawel, el lugar más importante de toda Cracovia.

Allí visitamos el impresionante Castillo Real de Wawel, antigua residencia de los reyes polacos durante siglos. Recorrer sus patios, salas y jardines permite comprender la enorme importancia histórica que tuvo este lugar para el país. Si solo pudieras visitar un monumento en Cracovia, probablemente este sería nuestra recomendación.

Al terminar la visita descendimos hasta la orilla del río para conocer al famoso Dragón de Wawel, uno de los grandes símbolos de la ciudad. La escultura sorprende a todos los visitantes porque cada pocos minutos lanza una gran llamarada de fuego por la boca, recordando la popular leyenda del dragón que, según cuenta la tradición, habitaba bajo la colina.

Aprovechamos para dar un agradable paseo junto al río Vístula antes de enlazar con el Planty, el enorme parque que rodea todo el casco antiguo de Cracovia y que ocupa el lugar donde antiguamente se levantaban las murallas medievales. Es uno de esos lugares perfectos para caminar tranquilamente y descansar un poco del bullicio del centro.

Nuestra última parada turística del día fue el Palacio Arzobispal, famoso por haber sido la residencia del Papa Juan Pablo II durante su etapa como arzobispo de Cracovia. Desde una de sus ventanas saludó en numerosas ocasiones a los fieles, convirtiéndolo en un lugar de gran simbolismo para los polacos.

Ya con la noche encima regresamos al centro histórico para cenar en Czarna Kaczka (The Black Duck), uno de los restaurantes más conocidos de la ciudad para probar cocina tradicional polaca con un toque más elaborado. Fue el broche perfecto para un primer día espectacular descubriendo Cracovia antes de regresar al alojamiento para descansar y afrontar con fuerzas el día siguiente.
La Colina de Wawel reúne dos de los grandes símbolos de Cracovia: el Castillo Real y la famosa estatua del Dragón, que lanza fuego cada pocos minutos
Plaza Rynek Główny de noche

Auschwitz-Birkenau y el barrio judío de Kazimierz

El segundo día tocaba madrugar bastante, pero por una muy buena razón. Nos esperaba la que, para nosotros, es la mejor excursión que hacer desde Cracovia: la visita al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau.

Era una experiencia que llevábamos mucho tiempo queriendo vivir y, aunque sabíamos que sería una visita dura, creemos que es una de esas que todo el mundo debería hacer al menos una vez en la vida. Caminar por un lugar donde ocurrieron algunos de los episodios más terribles de la historia pone los pelos de punta y hace reflexionar como pocas cosas pueden hacerlo.

Nosotros reservamos desde España la Excursión a Auschwitz-Birkenau con guía, una opción muy recomendable porque incluye el transporte desde Cracovia y las explicaciones de un guía oficial durante todo el recorrido. Si tienes pensado visitar Auschwitz, nuestro consejo es que reserves con bastante antelación, especialmente si viajas en temporada alta, ya que es una de las excursiones más demandadas de Polonia.

Durante la visita recorrimos tanto Auschwitz I como Auschwitz II-Birkenau, conociendo de primera mano la historia del complejo, las condiciones en las que vivían los prisioneros y algunos de los testimonios que marcaron para siempre este lugar. Es una experiencia difícil de describir con palabras y que, sin duda, deja una profunda huella en cualquier persona que la visita.

De regreso a Cracovia todavía nos quedaba tiempo para descubrir uno de los barrios con más personalidad de la ciudad: Kazimierz, el histórico barrio judío. Durante siglos fue el centro de la comunidad judía de Cracovia y, aunque sufrió enormemente durante la ocupación nazi, hoy vuelve a ser uno de los barrios más vivos, alternativos y con más ambiente de toda la ciudad.

Nuestra primera parada fue el Museo Banksy, un espacio muy original dedicado a la obra del famoso artista urbano. Tanto si eres un apasionado del arte como si simplemente buscas una visita diferente, creemos que merece bastante la pena.

Muy cerca encontramos la estatua de Jan Karski, uno de los grandes héroes de la resistencia polaca durante la Segunda Guerra Mundial. Karski arriesgó su vida para informar a los Aliados sobre el exterminio que los nazis estaban llevando a cabo contra el pueblo judío, convirtiéndose en uno de los primeros testigos que intentó alertar al mundo de lo que estaba ocurriendo en los campos de concentración.

En la misma plaza también se encuentran varios lugares de gran importancia para la historia de la comunidad judía de Cracovia, como la Sinagoga Remuh, el Monumento Conmemorativo a los 65.000 judíos de Cracovia asesinados durante el Holocausto y la Sinagoga Popper, por lo que merece la pena detenerse unos minutos para recorrer tranquilamente esta zona.

Continuamos caminando hasta la Sinagoga Vieja, considerada la sinagoga más antigua de Polonia, antes de acercarnos a uno de los rincones más conocidos del barrio: el famoso pasaje de la Lista de Schindler. Este pequeño callejón ganó fama internacional tras aparecer en la película La lista de Schindler de Steven Spielberg y hoy se ha convertido en uno de los lugares más fotografiados de Kazimierz.

Para terminar el día llegamos hasta la animada Plaza Nowy, uno de los mejores lugares para disfrutar del ambiente del barrio. Aquí encontrarás numerosos bares y terrazas, pero sobre todo un imprescindible gastronómico: probar un Zapiekanka, una especie de baguette abierta y gratinada con diferentes ingredientes que se ha convertido en una de las comidas callejeras más famosas de Polonia. Nosotros no quisimos irnos de Cracovia sin probarla y la verdad es que fue todo un acierto.

Después de un día cargado de historia, emociones y descubrimientos, regresamos al alojamiento para descansar y afrontar con energía nuestro último día en Cracovia.
La excursión a Auschwitz-Birkenau es una de las visitas más demandadas desde Cracovia. Reserva con antelación para asegurarte plaza, especialmente durante la temporada alta
Entrada al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau

Minas de Sal de Wieliczka y el barrio de Podgórze

Nuestro último día en Cracovia comenzó también bastante temprano. A primera hora de la mañana nos recogieron para realizar otra de las excursiones imprescindibles desde la ciudad: la visita a las Minas de Sal de Wieliczka, uno de los lugares más sorprendentes de toda Polonia.

Al igual que el día anterior, ya llevábamos la reserva hecha desde España para la Excursión a las Minas de Sal de Wieliczka, algo que te recomendamos hacer con antelación para asegurarte plaza. Declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, estas minas esconden un auténtico mundo subterráneo formado por kilómetros de galerías, lagos, cámaras y esculturas completamente talladas en sal.

Durante la visita descendimos hasta más de 300 metros de profundidad, recorriendo parte de los nueve niveles que forman este impresionante complejo minero. Uno de los momentos más espectaculares fue descubrir la increíble Capilla de Santa Kinga, una enorme iglesia excavada íntegramente en sal que, sin ninguna duda, es uno de los lugares más impresionantes que vimos durante todo el viaje.

De regreso a Cracovia hicimos una parada para comer y recuperar fuerzas antes de dedicar las últimas horas del viaje a conocer Podgórze, un barrio marcado por la historia y muy diferente al animado Kazimierz que habíamos recorrido el día anterior.

Nuestra primera parada fue la Fábrica de Oskar Schindler. Nosotros no pudimos visitar su interior por falta de tiempo, pero si dispones de unas horas extra creemos que es una de las visitas imprescindibles de Cracovia. El museo narra cómo fue la ocupación nazi de la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial y la historia de Oskar Schindler, el empresario alemán que consiguió salvar la vida de más de mil judíos empleándolos en su fábrica, una historia que dio la vuelta al mundo gracias a la película La lista de Schindler.

Muy cerca hicimos un pequeño desvío para acercarnos a uno de los pocos fragmentos que todavía se conservan del Muro del Gueto de Cracovia. Estos restos permiten hacerse una idea de cómo fue el lugar donde miles de judíos permanecieron confinados durante la ocupación nazi antes de ser deportados a los campos de concentración.

Continuamos hasta la Plaza de los Héroes del Gueto, uno de los espacios con mayor carga simbólica de la ciudad. Las decenas de sillas de bronce repartidas por toda la plaza recuerdan a los miles de judíos que fueron obligados a abandonar sus hogares y deportados durante el Holocausto. Es un monumento sencillo, pero con un significado que invita a detenerse unos minutos y reflexionar sobre todo lo ocurrido en este lugar.

Frente a la plaza se encuentra la histórica Farmacia del Águila, la única farmacia que permaneció abierta dentro del gueto durante la ocupación nazi. Su propietario, Tadeusz Pankiewicz, arriesgó su vida ayudando a numerosos judíos, suministrándoles medicamentos, alimentos e incluso escondiendo documentos. Hoy el edificio alberga un pequeño museo dedicado a recordar aquellos acontecimientos.

Para terminar el recorrido cruzamos el original Puente del Padre Bernatek, uno de los puentes más curiosos de Cracovia gracias a las esculturas de acróbatas que parecen flotar sobre el río Vístula. Cabe recordar que de camino al puente nos encontramos con una simpática escultura del Dragón de Cracovia, un pequeño detalle que suele sorprender a quienes pasean por esta zona de la ciudad.

Antes de regresar al alojamiento todavía tuvimos tiempo para recorrer por última vez algunas de las calles del centro histórico y entrar en varias tiendas para comprar los últimos recuerdos del viaje. Ahora sí, había llegado el momento de recoger el equipaje y poner rumbo al aeropuerto, poniendo punto final a una escapada que nos permitió descubrir la historia, la cultura y algunos de los lugares más fascinantes de Cracovia.
Las Minas de Sal de Wieliczka son uno de los lugares más sorprendentes de Polonia. Descender a más de 300 metros bajo tierra y descubrir sus galerías, lagos y esculturas talladas en sal es una experiencia única
Capilla de Santa Kinga en las Minas de Sal de Wieliczka

Cracovia al máximo

FAQ Cracovia en 3 días

¿Son suficientes 3 días para visitar Cracovia?

Sí. Tres días permiten conocer el casco histórico, el Castillo de Wawel, Kazimierz y hacer las excursiones a Auschwitz-Birkenau y las Minas de Sal de Wieliczka.

¿Qué ver en Cracovia en 3 días?

Lo imprescindible es la Plaza del Mercado, la Basílica de Santa María, el Castillo de Wawel, Kazimierz, Podgórze, Auschwitz-Birkenau y las Minas de Sal de Wieliczka.

¿Merece la pena visitar Auschwitz desde Cracovia?

Sí. Es una de las excursiones más importantes desde Cracovia por su enorme valor histórico y suele ocupar medio día o un día completo.

¿Se pueden visitar las Minas de Sal de Wieliczka en medio día?

Sí. La visita dura unas 4 o 5 horas contando los desplazamientos, por lo que puedes combinarla con otras visitas en Cracovia.

¿Cuál es la mejor zona para alojarse en Cracovia?

El casco histórico (Stare Miasto) es la mejor opción para recorrer la mayoría de los lugares de interés caminando.

¿Es fácil recorrer Cracovia a pie?

Sí. El centro histórico es compacto y la mayoría de los principales monumentos se encuentran a pocos minutos andando entre sí.

¿Cuándo es la mejor época para visitar Cracovia?

La primavera y el otoño ofrecen temperaturas agradables y menos turistas, aunque Cracovia puede visitarse durante todo el año.

¿Conviene reservar las excursiones desde Cracovia con antelación?

Sí. Tanto Auschwitz-Birkenau como las Minas de Sal de Wieliczka suelen agotar plazas, especialmente en temporada alta.

¿Cuánto cuesta un viaje de 3 días a Cracovia?

Depende de la temporada, pero Cracovia sigue siendo uno de los destinos más económicos de Europa para alojamiento, transporte y restaurantes.

¿Es mejor hacer las excursiones por libre o con guía?

Si es tu primera visita, una excursión organizada con guía suele ser la opción más cómoda, ya que incluye transporte y explicaciones durante el recorrido.

Cracovia a tu manera

Esperamos que este itinerario te sirva para descubrir lo mejor de Cracovia en tres días sin complicaciones. Es exactamente la ruta que nosotros recomendaríamos a un amigo que viajara por primera vez: completa, variada y con tiempo suficiente para disfrutar de cada lugar sin convertir el viaje en una carrera.

Y recuerda algo que siempre intentamos hacer en cada destino: deja un pequeño hueco para improvisar. A veces el mejor recuerdo nace de una calle por la que no pensabas pasar, de un restaurante que encontraste por casualidad o de un atardecer que decidiste contemplar sin mirar el reloj. Si Cracovia consigue regalarte alguno de esos momentos, puedes estar seguro de que querrás volver.

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