Trinity College, Temple Bar y las catedrales de Dublín
Sin perder demasiado tiempo, pusimos rumbo a nuestra primera visita: el espectacular Trinity College, uno de los lugares imprescindibles que ver en Dublín. Fundado en el año 1592, es la universidad más prestigiosa de Irlanda y ha visto pasar por sus aulas a figuras tan importantes como Oscar Wilde o Samuel Beckett.
El gran protagonista de la visita es el famoso Libro de Kells, considerado uno de los manuscritos medievales más importantes del mundo. Fue elaborado por monjes celtas alrededor del siglo IX y destaca por sus increíbles ilustraciones y detalles decorativos, que siguen sorprendiendo más de mil años después. Tras recorrer la exposición llegamos a la impresionante Long Room, una biblioteca que parece sacada de una película con sus enormes estanterías de madera y miles de libros antiguos. Es, sin duda, uno de esos lugares que justifican por sí solos una visita a Dublín.
Antes de abandonar el campus también pasamos bajo el famoso Campanile. Existe una curiosa tradición universitaria que dice que si la campana suena mientras un estudiante pasa por debajo, suspenderá los exámenes. Nosotros no estudiábamos allí, así que cruzamos el arco sin ningún miedo... aunque por si acaso, mejor hacerlo cuando la campana esté completamente en silencio.
La siguiente parada fue la popular estatua de Molly Malone, probablemente el monumento más fotografiado de la ciudad. Representa a la protagonista de una famosa canción tradicional irlandesa que cuenta la historia de una joven vendedora de pescado y marisco que recorría las calles de Dublín empujando su carrito mientras anunciaba su mercancía. Hoy es todo un símbolo de la ciudad y casi obligatorio hacerse una foto con ella.
Desde allí comenzamos a recorrer Grafton Street, nuestra calle favorita de Dublín. Es la vía comercial más famosa de la ciudad y siempre está llena de vida gracias a sus tiendas, floristerías y, sobre todo, a los numerosos músicos callejeros que convierten cualquier paseo en una experiencia diferente. Merece la pena recorrerla sin prisas, entrando en alguna tienda o simplemente disfrutando del ambiente.
Al final de la calle llegamos a St. Stephen's Green, un precioso parque urbano perfecto para desconectar del bullicio del centro. Caminamos tranquilamente entre sus senderos, lagos y jardines antes de continuar la ruta. Nos pareció uno de esos lugares ideales para sentarse unos minutos, descansar y observar el ritmo tranquilo de la ciudad.
Al terminar el paseo por St. Stephen's Green, pusimos rumbo al Castillo de Dublín. De camino hicimos una breve parada en el Powerscourt Townhouse Centre, uno de los rincones más elegantes de la ciudad. Este antiguo palacio georgiano se ha transformado en un pequeño centro comercial lleno de tiendas independientes, cafeterías y un precioso patio interior que conserva todo el encanto del edificio original. Aunque no tengas intención de comprar nada, merece la pena entrar unos minutos para disfrutar de su arquitectura y del ambiente tan tranquilo que se respira.
Continuamos caminando hasta George's Street Arcade, uno de los mercados cubiertos más antiguos de Europa. En su interior encontrarás pequeñas tiendas de artesanía, antigüedades, recuerdos y algunos puestos de comida. Nos pareció uno de esos lugares perfectos para curiosear durante un rato y descubrir un Dublín algo más diferente antes de seguir la ruta.
La siguiente parada fue el Castillo de Dublín, uno de los edificios con más historia del país. Aunque en esta ocasión decidimos no visitar su interior, sí recorrimos sus patios y los cuidados jardines que lo rodean. Si dispones de más tiempo, creemos que puede ser una visita muy interesante para conocer mejor la historia de Irlanda y la importancia que tuvo este castillo durante siglos bajo dominio británico.
A esas alturas el hambre ya empezaba a apretar, así que fuimos a comer a Darkey Kelly's, uno de los pubs tradicionales más conocidos de Dublín. El ambiente es espectacular y es un sitio perfecto para probar algunos de los platos más típicos de la gastronomía irlandesa mientras disfrutas de música en directo si tienes suerte.
Con las pilas cargadas seguimos caminando hasta la Catedral de la Santísima Trinidad (Christ Church Cathedral), la catedral más antigua de Dublín. Además de su impresionante interior, uno de sus elementos más llamativos es el puente elevado que conecta la catedral con el antiguo edificio del sínodo cruzando por encima de la carretera, una imagen muy característica de la ciudad.
Muy cerca se encuentra la pequeña Iglesia de St. Audoen, la iglesia parroquial medieval más antigua de Dublín que sigue en funcionamiento. Aprovechamos para recorrer también el pequeño parque que la rodea, un rincón bastante tranquilo donde apenas encontramos turistas.
La ruta continuó hasta la espectacular Catedral de San Patricio, probablemente nuestro edificio religioso favorito de toda la ciudad. Su enorme fachada, sus jardines perfectamente cuidados y toda la historia que guarda en su interior hacen que sea una visita completamente imprescindible. Además, está dedicada al patrón de Irlanda, lo que la convierte en uno de los lugares más simbólicos del país.
Cuando empezó a caer la tarde pusimos rumbo a Temple Bar, de camino nos encontramos con el museo de rock and roll irlandés con su bonito Wall of Fame. Este es el barrio más famoso de Dublín y uno de esos lugares que todo el mundo imagina cuando piensa en Irlanda. Calles empedradas, fachadas llenas de color, música tradicional saliendo de prácticamente todos los pubs y un ambiente que invita a quedarse durante horas.
Aprovechamos para tomarnos unas pintas mientras escuchábamos música en directo y disfrutábamos del ambiente. Los dos pubs más famosos son The Temple Bar y Oliver St. John Gogarty's, aunque lo cierto es que cualquier rincón de este barrio tiene muchísimo encanto.
Después de un primer día recorriendo gran parte del centro histórico de Dublín, regresamos caminando hasta el alojamiento para descansar. Había sido un día muy completo, pero todavía nos quedaban muchas cosas por descubrir en esta increíble ciudad.



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