Acrópolis, Plaka y monte Licabeto
Al salir nos acercamos hasta el Aerópago, la colina situada junto a la Acrópolis desde la que se obtiene una de las mejores panorámicas del conjunto arqueológico y de buena parte de la ciudad. Merece muchísimo la pena dedicar unos minutos a contemplar las vistas antes de continuar la ruta.
Desde allí nos adentramos en Anafiótika, probablemente el barrio con más encanto de Atenas. Sus pequeñas callejuelas blancas, las macetas llenas de flores y su ambiente tranquilo hacen que por momentos parezca que has viajado a alguna de las islas griegas sin salir de la capital. Es uno de esos lugares donde merece la pena perderse sin mirar demasiado el mapa.
Continuamos caminando hasta las famosas Escaleras de Mnisikleous, uno de los rincones más fotografiados del barrio de Plaka, repleto de terrazas y restaurantes. Después bajamos hasta la Linterna de Lisícrates y la cercana Iglesia de Santa Caterina, dos visitas muy rápidas pero que encajan perfectamente dentro del recorrido por esta zona histórica de la ciudad.
Tras una pausa para comer y recuperar fuerzas, seguimos la ruta acercándonos al imponente Arco de Adriano y al gigantesco Templo de Zeus Olímpico. Aunque hoy solo se conservan algunas de sus enormes columnas, resulta muy fácil imaginar la magnitud que llegó a tener este templo, considerado uno de los más importantes de la antigua Grecia.
Para terminar el día queríamos disfrutar del mejor atardecer de Atenas, así que cogimos un taxi hasta la estación del teleférico del monte Licabeto. En apenas unos minutos llegamos a la cima, desde donde contemplamos cómo el sol iba cayendo sobre la ciudad mientras la Acrópolis comenzaba a iluminarse. Sin duda, uno de los momentos más especiales de todo el viaje.
Ya de noche regresamos al barrio de Monastiraki, y decidimos cenar en la terraza del hotel (Ciel Living Athens). Poder terminar el día con la Acrópolis completamente iluminada como telón de fondo fue la mejor manera posible de despedir nuestra primera jornada en Atenas.



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