Cristo, Santa Teresa y Pan de Azúcar
Nada más amanecer empezamos el primer día completo con una de las visitas más esperadas del viaje: el Cristo Redentor, uno de los lugares imprescindibles en Río de Janeiro. Ya llevábamos las entradas compradas desde España, algo totalmente recomendable para evitar colas y asegurarte la franja horaria. Se pueden reservar desde su propia web oficial o desde Civitatis si no te quieres complicar demasiado.
Para subir utilizamos el tren del Corcovado, cuya parada se encuentra en Cosme Velho, desde donde parte el recorrido hacia la cima atravesando la selva de Tijuca. Una vez arriba, la sensación de estar frente a una de las siete maravillas del mundo es difícil de explicar. Las vistas de toda la ciudad son de esas que se quedan grabadas.
Después bajamos en Uber hacia la zona de Lapa, donde hicimos una parada en los Arcos da Lapa y la Catedral de São Sebastião. Desde ahí empezamos a subir por la famosa Escalera de Selarón, uno de los puntos más fotogénicos de la ciudad. Eso sí, estaba bastante llena de gente, mejor ir temprano si quieres disfrutarla con más calma.
Continuamos la ruta hacia el barrio de Santa Teresa, un lugar con muchísimo arte urbano, calles empinadas y un ambiente bohemio muy auténtico. Durante el paseo pasamos por el Mirante do Curvelo y el Largo do Curvelo, dos rincones con vistas muy interesantes de la ciudad. Además, tuvimos la suerte de ver pasar el mítico tranvía de Santa Teresa, uno de los símbolos más reconocibles del barrio.
Es de esos sitios donde lo mejor es simplemente caminar sin rumbo, descubriendo rincones sin buscarlos.
Para comer hicimos parada en Bonde Brasa, donde probamos la feijoada, uno de los platos más típicos de Brasil. Una comida contundente perfecta para recuperar energía antes de seguir el día.
Por la tarde pusimos rumbo al Pan de Azúcar. Al igual que con el Cristo Redentor, ya teníamos las entradas compradas con hora cerrada, algo clave si quieres subir tranquilo y disfrutar del atardecer. Las entradas se pueden adquirir igualmente desde su propia web oficial o si quieres algo más sencillo y opción a guía, desde Civitatis.
Ver el atardecer desde arriba fue uno de los momentos más especiales del viaje: la ciudad iluminándose poco a poco mientras el sol cae detrás de las montañas.
La bajada se hace más lenta porque se acumula bastante gente, pero aun así merece completamente la pena la experiencia.
Para terminar el día cenamos en Joaquina Bar, un sitio muy cercano al alojamiento con muy buena comida y mejor trato. El cierre perfecto para un primer día intenso en Río.



Comentarios
Escríbenos un comentario